A ver, yo voy a tratar de explicarte lo que pasa. Esto es un chiquero, un lodazal para entendidos, un carnaval de bochornos que conspiran para desconcertarnos, un sonido desconocido que rompe el clima pacífico de no entender nada, pero más que nada, una seguidilla de noches amarillas con elevados tenores de malas decisiones, aderezado con sin sentidos de alta envergadura. Pero, a veces y sólo a veces, pasa que algo pasa, y en el lugar menos pensado te encontrás veinte pesos tirados. El azar no es lo mio, odio que el azar sea la explicación última de un acontecimiento, lo odio tanto como depositar hasta el pellejo en la fe, pues nada puedo hacer en ese terreno, ninguno de mis actos puede actuar en el dominio de la fe, y tampoco en el del azar, sólo cabe sentarse a esperar a ver que nos da la vida, o el magnánimo o San Expedito. En fin, pasa que a veces una está parada por ahí, o por allí, sentada quizá, o agachada (excelente posición), y la nada se materializa en un montón de luces de colores (eso es la droga, pascualina...), bueno, se hace presente cual recibo de teléfono a fin de mes, y una hace de cuenta que decide sobre el futuro. En ese mismo instante una se aprieta el cinturón hasta el último agujerito, le saca la tirita a los anteojos, deja la bebida espirituosa a un costado, se peina un poco los tres pelitos y sale a correr semidesnuda por la avenida más cercana a su hogar.
Explicale por mi, por favor.
Hace 4 horas

