A propósito de la búsqueda del
entendimiento intenté encontrar una explicación a su idiosincrasia y a la única
conclusión decente a la que pude llegar es que era incapaz de atesorar
momentos. Algo así como que su recuerdo era continuo pero indiferenciado, era
una película que corría sin parar aunque no enfatizaba en ninguna escena, no
volvía nunca a ningún instante, ni bueno ni malo. Debo reconocer que eso la
convertía en una persona libre, además de horriblemente indiferente. La
sensación al mirarla era semejante a esa que alguna vez supe tener asomada a
las vías desde el andén; cuanto más desesperada me encontraba por la llegada
del tren, mayor era mi confusión y cualquier luz que apareciera lejos o cerca
ponía a palpitar mi corazón que pronto volvía a su ritmo normal cuando el tren
no estacionaba en la estación, sin embargo yo sabía que la llegada de la
máquina era inconfundible, sabía que la realidad era inapelable, y sabía que
esas luces que veía a los lejos no eran el tren, y lo sabía porque cuando el
tren realmente se acercaba era imposible confundirse, no cabía la posibilidad
de entrar en contradicción… igual seguía saltando de mi posición cada vez que
sospechaba que eso que vislumbraba a lo lejos era efectivamente lo que estaba
esperando, sin dudas el tren.
29 de noviembre de 2016
Hace 5 años
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