Allí.

Debería hacer algo con toda esta incongruencia atareada de obligaciones pendientes; debería desarmar las estanterías de las sisa para abajo y reordenar de modo ascendente las no – prioridades de la vida; o quizá debería dedicar toda una tarde a montar un castillo de palitos sabor a queso y maníes; también debería dejar de titilar y decantar las impurezas mal pensadas; o debería retomar las reflexiones perfumadas a mañana y café, la alegría de ciertos sabores y los colores fluorescentes; sin lugar a dudas; debería darle permiso de salida a todo ese conjunto de microorganismos agazapados entre el pecho y la espalda, además de controlar a esa metáfora insolente que se burla de mi intento… Debería, en el juego hipotético que plantea aquella fotografía de alguien que ya no está, atajar las dudas y depositarlas por tiempo indeterminado en cualquier árbol de la ciudad. Que puedo decir, debería meter la cabeza en el inodoro o hacerme un baño de crema, tal vez hacer un curso de macramé para gente como vos (yo), coleccionar los fascículos de “relojes del mundo” o comprarme un pequeño pony y criarlo como si en realidad existiéramos.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

No te agobies wapa...ya sabemos lo que "deberíamos" y no hacemos. Profunda reflexión la tuya, me gusta.
Un saludo y feliz día.

lau dijo...

hay manuales para esto? if so, i need one. just let me know in case you know there's one =)

Pili (Como Cher...) dijo...

Norma: no me agobio, pero bueno a veces pienso... Gracias.

lau: si consigo el manual te lo paso, perdé cuidado.

Saludos.

Anónimo dijo...

Esta noche tuve forzosamente que atender a unos pensamientos. En los momentos que estaba cansado quería dejarlos aunque fuera por unos instantes; pero bien sabía yo la importancia que tenían, y no podía dejar de atenderlos. Solamente descansaba cuando alguien me interrumpía para preguntarme algo; pero si yo pretendía hacer algo para distraerme, yo mismo me obligaba a no hacerme trampa: estaba bien que los abandonara cuando espontáneamente ocurriera algo que me obligara a interrumpirme, pero yo no debía buscar la oportunidad; por el contrario, aunque la oportunidad se me presentara y yo me quedara contento porque descansaba, debía lamentar la interrupción. Me ocurría algo parecido cuando era niño y tenía que dar una lección que no sabía: si me venía tos me quedaba contento porque daba tregua a la tortura y porque a lo mejor, mientras tosía, podría ocurrir algo importante que me librara de la lección; pero si yo tosía a propósito, el maestro se daba cuenta. En aquel tiempo me hubiera parecido mentira que ahora, al ser grande, yo mismo me obligara a hacer una cosa como si tuviera al maestro dentro de mí.

Cuando se hizo muy tarde llegó a mi casa, junto con mis hermanas, una muchacha rubia que tenía una cara grande, alegre y clara. Esa misma noche le confesé que mirándola descansaba de unos pensamientos que me torturaban, y que no me di cuenta cuándo fue que esos pensamientos se me fueron. Ella me preguntó cómo eran esos pensamientos, y yo le dije que eran pensamientos inútiles, que mi cabeza era como un salón donde los pensamientos hacían gimnasia, y que cuando ella vino todos los pensamientos saltaron por las ventanas.


Seguramente usted conoce a Felisberto Hernández. En mi caso, acaban de presentármelo. Creo que mi vida dará un vuelco. Es posible que pierda alguna pieza inútil, a saber, una cabeza, o los boletos de bondi que persisten en mis bolsillos.

Congratulada por su lectura de uñas, me retiro a peores nadas.

Pili (Como Cher...) dijo...

La Naïfa: a decir verdad no lo conozco, un placer que me lo presente, ya que estos párrafos me han encantado. Gracias y me retiro a la interpretación de cutículas.

Beso.

Arha dijo...

debería preguntarme qué debería para salir de aquí

pero recuerdo que me debía visitarla y eso ya está, un casillero tachado sin sabor a obligación

abrazo!

Pili (Como Cher...) dijo...

Arha: deber cumplido, una cosa menos...

abrazo.

Publicar un comentario