Encuentro.

El encuentro había sido prefijado con exagerada anticipación. Cada detalle había sido especulado con terrible esmero. La luz mortecina se mecía con un ritmo aletargado aunque de vez en cuando parpadeaba como dando señales de su inefable superioridad.
Ambos concurrentes traían consigo el peso de una lejanía abochornante. Ambos concurrentes soñaban con la posibilidad de que al concretarse la esperada cita el otro se hubiera esfumado tras el velo invisible de la soledad eterna. Ambos concurrentes sospechaban que cada instante que les acercaba al momento del encuentro era un instante de vida que se escurría entre sus dedos. Ambos concurrentes sabían que lo inevitable es, muchas veces, lo único que importa a nuestra torpe razón.
Si ella buscaba la iteración indefinida de sensaciones, él trataba de simular la profundidad de sus pensamientos. Si ella no deseaba para sí más que observar con contenida pasión el devenir del tiempo, él quería que el universo completo rindiera honor a sus fallidos pasos. Si ella creía, inocentemente, en sus propias limitaciones, él desdibujaba las fronteras entre la realidad y la fantasía.
El encuentro estaba tan bien planificado que nada, absolutamente nada, podía fallar. El día preciso, la hora exacta, el clima perfecto, además de una predisposición a concluir, finalmente, con el deber postergado.
Si él pretendía crecer, ella comulgaba con la idea de perecer en vida. Si él contenía sus instintos afanado en el ideal de libertad, ella se regocijaba en la contradicción de ser ella misma y de no ser nadie. Si él proponía una solución, ella buscaba abrir puertas detrás de las cuáles no había más que trastos viejos.
El silencio, entre ellos, decía más que las inoportunas palabras dichas por costumbre. Este silencio era el centro en torno al cual gravitaba el encuentro. Este silencio no gustaba de los sonidos inarmónicos articulados al azar, disfrutaba, en cambio, de su propia naturaleza.
Aunque terriblemente deseado, también temido. El ambiente era de vapor, confuso y alborotado por una serie de sonidos demasiado fuertes para el entendimiento humano. La aguja se movía esquizofrénicamente para adelante y para atrás modelando un tiempo que no pertenecía a este mundo, fogoneando lentamente y sin descanso el imprevisible correr de horas demasiado atormentadas para dejarnos un instante de incalculable felicidad.
Ellos, impávidos, continuaban parados uno frente al otro buscando las causas y, por qué no, las consecuencias de continuar respirando frente a una realidad demasiado opresiva para disfrutarla honestamente. Cada decisión que los llevaba a ese instante era tan inevitable como la mismísima ignorancia de nuestros motivos últimos, cada decisión era tan indeclinable que no conocer las razones era suficiente para aventurarse violentamente a un fuego que no dejaba de arder ni por un instante.
Ella seguía jugando con las infinitas posibilidades de ser, y él nunca abandonó la insolente idea de jugar a ser.

6 comentarios:

NFS dijo...

Es precioso!

Además escribiste sobre una temática no tan común en vos, y que a mí me apasiona: las relaciones sociales, los desencuentros, las personas vistas más desde una perspectiva endógena (los procesos psicológicos que acompañan a la interacción social), la disparidad de expectativas...

En fin, me encantó y te quiero mucho, amiguita :)

Pili (Como Cher...) dijo...

Me alegro mucho que te haya gustado.
Besos.

talita dijo...

Cada decisión que los llevaba a ese instante era tan inevitable como la mismísima ignorancia de nuestros motivos últimos, cada decisión era tan indeclinable que no conocer las razones era suficiente para aventurarse violentamente a un fuego que no dejaba de arder ni por un instante.
Ella seguía jugando con las infinitas posibilidades de ser, y él nunca abandonó la insolente idea de jugar a ser.
ni una palabra de mas.

Erica dijo...

Excelente, me gustó mucho!


Besos

Artus dijo...

Ah!, esas danzas y contradanzas entre dos seres.
A mí me gustan mucho los silencios, sin llegar a ser cómo el Dr.Murke ( Los silencios del Dr. Murke - Heinrich Böll), se puede llegar a amarlos.

Damita, gracias por lo escrito. Beso.

Pili (Como Cher...) dijo...

De nada, pero debo decir a ustedes gracias por leerlo.
Saludos.

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